El reconocimiento de la enseñanza de la natación como política pública de seguridad acuática
- 10 jul
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El ejemplo británico y una reflexión necesaria para Brasil.
Cada día, familias brasileñas se ven afectadas por tragedias que podrían evitarse. En Brasil, alrededor de 16 personas mueren diariamente por ahogamiento, entre ellas aproximadamente cuatro niños. Detrás de cada cifra hay una familia, una historia interrumpida y un dolor que refuerza la urgencia de tratar la seguridad acuática como una prioridad nacional.
En este contexto, la enseñanza de la natación no puede considerarse únicamente una actividad deportiva, recreativa o de desarrollo infantil. Debe entenderse como una de las herramientas más importantes de protección contra el ahogamiento.
Por ello merece atención el movimiento liderado en el Reino Unido por la Swimming Teachers’ Association (STA), una tradicional asociación británica dedicada a la formación de profesores de natación y a la promoción de la seguridad acuática. La STA ha defendido que las clases de natación para niños queden exentas del VAT, el impuesto al consumo del Reino Unido. En Brasil, tras la reforma tributaria, la comparación más adecuada es con el nuevo IVA Dual, integrado por la CBS y el IBS, que sustituirá impuestos como el PIS, Cofins, ICMS e ISS.
El ejemplo británico es importante, pero no debe copiarse sin más. El contexto de ambos países es diferente. En el Reino Unido, históricamente, el sector público ha desempeñado un papel fundamental en la oferta de piscinas, centros deportivos municipales y programas de enseñanza de la natación. Aun así, ante la reducción de estos servicios, las escuelas privadas de natación han asumido un papel cada vez más relevante.
En Brasil, la realidad es prácticamente la inversa. La mayor parte del aprendizaje organizado de la natación se lleva a cabo en escuelas privadas. Es decir, mientras que en el Reino Unido el sector privado complementa una estructura pública más consolidada, en Brasil es, en la práctica, el principal responsable de enseñar a los niños a nadar.
Esta diferencia hace que la reflexión sea aún más necesaria.
Si enseñar a un niño a nadar contribuye directamente a reducir riesgos, prevenir ahogamientos y salvar vidas, es necesario debatir si este servicio debe seguir siendo tratado por el Estado únicamente como una actividad económica más. Las escuelas de natación promueven la salud, el desarrollo, la socialización y la inclusión, pero también cumplen una función esencial de seguridad.
La campaña de la STA inspira a Brasil precisamente porque plantea una pregunta fundamental: cuando un servicio tiene un impacto directo en la preservación de la vida, ¿no debería recibir un tratamiento diferenciado por parte del Estado?
Reconocer la enseñanza de la natación como una política pública de seguridad acuática no significa ignorar su dimensión privada o empresarial. Significa comprender que las escuelas de natación son aliadas estratégicas de la sociedad en la prevención de los ahogamientos.
En un país con tantas muertes evitables en el agua, ampliar el acceso a la enseñanza de la natación no es solo una decisión educativa o deportiva. Es una decisión para proteger la vida.
Rafaele Madormo
Director Ejecutivo de INATI



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